Declaración del artista


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Un comentario a propósito de mi obra

El filósofo ruso Lev Vygotsky (2006) afirma que: “El arte es la técnica social de la emoción, una herramienta de la sociedad que lleva los aspectos más íntimos y personales de nuestro ser al círculo de la vida social” (p.304). El artista del siglo XXI, en ese ejercicio de hacer público nuestro interior, nos corremos el riesgo de hacer evidente también,  si fuera el caso, el vacío existencial, la falta de compromiso social o la carencia de investigación plástica. La obra, entonces, puede resultar, en ocasiones, en una expresión cursi, decorativa, agotada en ideas y vacía de significado. La sociedad, en cambio, espera que cada componente intelectual asuma la responsabilidad de ayudar a entender y mejorar nuestra realidad humana.

Apoyado en la historia del arte, pretendo presentar en mi obra preocupaciones de índole social que me perturban o me entusiasman lo suficiente como para moverme a “hacer”. La obra resultante, dentro de un lenguaje plástico propio, hace afirmaciones con valor educativo en tanto su lectura provoca la reflexión sobre la cuestión social cotidiana. A fin de cuentas, las obras de arte son inevitablemente construcciones personales enraizadas en un contexto social particular (Dewey, 2008), en mi caso el académico-caribeño.

Retrato con Potato Head
Retrato con “Potato Head”, 2015, 60″ x 48″

Las pinturas que aquí se presentan comenzaron con unas obras de tamaño pequeño (28”X22”) en 2003 que llamé “Retratos”. Algunos representaban una figura humana incomprensible que reflejaba mi intento de entender quién es ese ser según se desprende de la historia y lo cotidiano. Otras obras de la misma serie eran una especie de foto instantánea de una escena con la misma preocupación. Ambas, igualmente nebulosas en su forma, reflejaban enigma e incomprensión ante el tema. Años después numerosas lecturas y la producción de nuevas obras en un formato mayor (48”X60”), se mantuvo la misma preocupación: el carácter paradójico del ser humano. De aquí, el título: Paradojas en contrapunto. Las creaciones más recientes están construidas en símbolos y metáforas más claros, e incorporan nuevos personajes enigmáticos. Es un retrato de ese momento fugaz que nos activa alguna memoria.

Algunos de los símbolos surgen de manera intencionada al momento de crear la obra; la mayoría, no. En ese proceso y al finalizar la obra -una vez concebida la simbología, los personajes y los ambientes- esta me sorprende y me reta intelectualmente a su interpretación, igual que al espectador. Esto es así ya que aunque abordo la tela con algunas ideas, luego se abren paso elementos ajenos a nuestra comprensión racional. De ahí que, aunque parezca paradójico, cuando el espectador ve la obra y la comenta, ayuda al artista a comprenderla. Esta nueva propuesta, Paradojas en contrapunto (2014 a 2016), constituye un conjunto de ensayos plásticos con múltiples lecturas, que reflejan una opinión más punzante y definida sobre el ser humano: su carácter y existencia. Se explora también nuestro entorno social y político como “Isla”. En esta propuesta surge un personaje vestido de manera formal con su rostro cubierto por una funda de papel. Enmarcada en criticidad y en ocasiones humor, se presenta finalmente una posible afirmación al ser humano paradójico.

La obra se caracteriza, en una primera lectura, por el trazo fuerte, el dibujo sencillo, el uso de formas escultóricas, el manejo de la composición estructurada y, muy particularmente la aplicación de colores brillantes. En su contenido, se refleja la historia del arte como referentes en sus símbolos y títulos.  En general, procura catarsis mediante el uso de formas familiares junto a elementos anacrónicos.

En la obra se observa el juego intelectual que se crea mediante la contradicción que representa el uso de formas “ingenuas”, algunas nuevas, otras estilizadas, a veces cargadas con cierto humor, de un colorido intenso y vibrante en el manejo de contenidos profundos y tensos. En este sentido, las obras pueden provocar sentimientos y afectos contrapuestos en el contexto de un lenguaje plástico propio y siempre apoyado en la historia del arte. En esta propuesta plástica se suscita el problema estético de siempre sobre la tensión entre la forma y el contenido.

Un último comentario a propósito del estilo

Siempre, desde muy joven, me ha atraído la fuerza expresiva del color, el trazo gestual y la distorsión de la forma de la escuela expresionista alemana existencialista con particular atención a Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938). Aunque disfruto más, de esta escuela la modernista como el vienés Edvard Munch (1863-1944), el expresionista fauvista francés Georges Rouault (1871-1958), el expresionista surrealista judío/ruso Marc Chagall y el mexicano David Alfaro Siqueiros (1896-1974). Me siento, sin embargo, particularmente cómodo con la escuela transvarguardista italiana. Con particular atención disfruto la pintura de Enzo Cucchi (1949-), Mimmo Paladino (1948-), y Sandro Chia (1946-).

Debo señalar que en ningún momento estuve preocupado por explicar mi obra a partir de alguna escuela que la precediera. Esto no tenía importancia alguna. No hace sentido alguno pintar para satisfacer un estilo en particular o la combinación de varios. Solo pinto para “hacer lo que siento hacer”, aunque en las exposiciones, alguien siempre ha hecho la pregunta sobre el estilo. Nunca he sabido qué responder y todavía no lo sé.

Algunas personas han sugerido que la obra sea surealista, con lo que nunca he estado de acuerdo ya que mi pintura, contraria al surealismo, no es onírica sino que son planteamientos que se desprenden de la realidad inmediata y se expresan en plena conciencia aunque no comprenda el significado de algunos elementos presentes en la obra. De hecho, la escuela surealista o neosurealista nunca me ha atraído, “no me llega”, aunque las clasificaciones en escuelas tienen un elemento de subjetividad porque la obra de un mismo artista, o algunas de sus obras, pueden ser ubicadas en varias de ellas.

Recientemente Andrés Batista, un colega de la Universidad de Puerto Rico, incluyó el siguiente comentario en la sección de agradecimientos durante la presentación de su libro Tratado teórico del dibujo de formas imaginarias: “A mi amigo artista y tecnólogo, Luis M. de Jesús Berríos el cual tiene la capacidad de admirarse ante el descubrimiento, lo que lo convierte en un poderoso intérprete del neo-simbolismo” (p. 4). Aunque habíamos hablado por años de diversos asuntos filosóficos relacionados a la plástica, nunca habíamos conversado sobre mi estilo. Esta expresión del colega sincero y conocedor me motivó a regresar a la historia del arte y plantearme una pregunta, por alguna razón, pospuesta: ¿Qué escuelas se pueden ver reflejadas en mi obra?

La escuela simbolista francesa de finales del siglo 18 no es una corriente/estilo que me haya atraído; la “siento” melancólica y a veces extraña. Sin embargo debo admitir que luego de cierto análisis coincido con Batista en que, en efecto, hay elementos comunes entre ambas obras pero también otros distintos, contenidos en la escuela trasvarguardista italiana.

Mi obra, al igual que la pintura simbolista, es una reacción al positivismo y el materialismo contemporáneo, en cuanto al énfasis en la ciencia y la materia como la única óptica para valorar, apreciar y explicar la vida. Igualmente, abordo los temas contemporáneos de la tecnología y la historia. Procuro una síntesis mediante el uso de símbolos y metáforas, a manera poética, para tratar de comprender la realidad; a fin de cuentas “existir es comprender” (Heidegger, 2005). En la pintura de Odilon Redon (1840-1916), al igual que en la de James Ensor (1860-1949), aflora ocasionalmente el humor: recurso que aprecio. La pintura simbolista no era una obra de exhibición convencional: su contenido era denso. Una dificultad similar he tenido en exhibir mi obra: no es una obra preciosista o liviana. En efecto es densa y en ocasiones, puede incomodar.

Deseo afirmar que, cuando pinto, mi intención no es crear instantáneas, ni símbolos y tampoco metáforas: Sencillamente pinto lo que “siento”. Regularmente comienzo con una imagen mental sencilla de algo que observo y me agrada, como nuestro perrito “sato” típico, o de algo que veo y me perturba como un gesto o actividad abusiva. De ahí surge, de manera espontánea, el personaje vestido formalmente con su rostro cubierto con una funda de papel. Esa imagen mental sencilla la paso a un boceto en líneas negras expresivas sobre cualquier papel que tenga al alcance en ese momento. El tema va surgiendo de la obra misma e inevitablemente me sorprende su conjunto.

Me parece que mi obra tiene una dimensión hermenéutica muy particular. Esto es, no pretende revelar lo oculto porque lo que presenta es una realidad visible, más bien la anuncia y la denuncia. Finalmente, por alguna razón, intento hacer la realidad comprensible para mí. Los simbolistas como Gustave Moreau (1826-1898) trataban el tema espiritual, apoyados mayormente en la mitología griega; yo sin embargo, me apoyo en la fe judeocristiana. Finalmente, la pintura simbolista, en ocasiones caía en lo fantástico o en lo mórbido, en mi obra más bien lo evito. A pesar de la intensidad de los temas tratados, los “suavizo perceptualmente” mediante el uso del color, el humor y la distorsión de las formas para que la obra pueda comunicar.

En resumen, la pintura no planificada estilísticamente, en la que he estado trabajando en los últimos diez años se acerca más a un neo-simbolismo en su intención aunque transvarguardista en su factura, con elementos tales como la fuerza expresiva del color, el trazo gestual, la distorsión de la forma y su apoyo en la historia. Sin embargo, no pretendo ser neo-simbolista y tampoco transvarguardista, solo pintar lo que “siento”, y es justamente en esa actividad sincera que encuentro significado.

Este último comentario es algo académico, porque finalmente toda obra se compone de formas que constituyen símbolos y estos, a su vez, forman metáforas. Estos símbolos pueden ser poco evidentes, como una mancha de color, o más evidentes, como un objeto. Igualmente pueden ser intencionados o no intencionados. Entonces, toda obra es esencialmente simbólica en tanto la desarrolla un ser humano marcado por un contexto histórico. Esto explica que me moviera de las propuestas anteriores con el título de Símbolos y metáforas a la nueva propuesta, más específica, Paradojas en contrapunto como instantáneas de “paisajes sicológicos”* o “escenas y momentos fugaces capturados”.

Referencias

  1. Batista, A. (2013). Tratado teórico del dibujo de formas imaginarias. San Juan: Libélula Rosa.
  2. Dewey, J. (2008). El arte como experiencia. Barcelona: Ediciones Paidós.
  3. Gardner, H. (2005). Arte, mente y cerebro. Barcelona: Ediciones Paidós.
  4. Heidegger, M. (2003). Ser y tiempo. Madrid: Editorial Trotta.
  5. Pérez Ruiz, J. (2013). Una mirada del crítico de arte. Revista Pedagogía. 45(1), 174-175.
  6. Rodríguez, M. (2012). Luis de Jesús: Artista y educador. Kálathos, 6 (1)
  7. Kandinsky, W. (1970). La gramática de la creación. Barcelona: Ediciones Paidós.
  8. Vargas Llosa, M. (2012). La civilización del espectáculo. México: Santillana Ediciones Generales S.A.
  9. Vygotsy, L. (2006). Psicología del arte. Barcelona: Ediciones Paidós.

* El término “paisajes psicológicos” fue tomado del Dr. José Pérez Ruiz (Pérez Ruiz, 2013) al referirse a mi obra.